Descargar una tarjeta de donante no inscribe a su titular en una base de datos ni convierte la donación en automática. La tarjeta que ofrece la Organización Nacional de Trasplantes es un testimonio personal: sirve para llevar encima la voluntad de donar órganos y tejidos después de morir, pero sus datos no quedan registrados y el documento no tiene valor legal.
La diferencia importa en un momento en el que el equipo hospitalario necesita averiguar con rapidez qué quería la persona fallecida. La ONT explica que primero se consulta el Registro de Instrucciones Previas o Voluntades Anticipadas. Si no existe una declaración registrada, se pregunta al entorno familiar. Por eso, guardar una tarjeta sin haber hablado de la decisión deja a los allegados con una información menos sólida de la que podrían tener.
España aplica el consentimiento presunto, pero investiga la voluntad
La Ley de Trasplantes parte de que pueden obtenerse órganos de una persona fallecida si no dejó constancia expresa de su oposición. Eso no significa que el hospital ignore su voluntad. El Real Decreto 1723/2012 obliga a la coordinación de trasplantes a investigar si la manifestó a familiares o profesionales, revisar las anotaciones disponibles y examinar la documentación y pertenencias personales que llevaba consigo.
La práctica asistencial añade la entrevista con la familia. El Hospital La Fe señala que se respeta su decisión porque se entiende que transmite los deseos del fallecido. La conversación previa reduce la incertidumbre: no hace falta convencer a nadie en una situación crítica, sino haber explicado en vida si se quiere donar o no.
Qué hace —y qué no hace— la tarjeta
La tarjeta puede descargarse en JPG o PDF desde la web de la ONT. No es personalizada por el organismo y no crea un asiento consultable por el hospital. También pueden obtenerse modelos testimoniales en coordinación de trasplantes, los servicios de atención e información al paciente, el centro de salud o asociaciones avaladas.
Su utilidad es sencilla: llevar una señal visible de la decisión y facilitar que la familia la conozca. No sustituye al documento de voluntades anticipadas, que sí tiene valor legal y se incorpora a un registro interconectado entre comunidades autónomas. Quien desee dejar una constancia formal puede registrar allí su voluntad sobre la donación; es un trámite distinto de obtener la tarjeta.
Cambiar de opinión no exige cancelar una inscripción
Como la tarjeta de la ONT no registra datos, no existe una baja que tramitar. Si la persona cambia de criterio, puede destruirla. Lo decisivo es comunicar el cambio a familiares o allegados y, si había incluido la donación en sus instrucciones previas, modificar o revocar ese documento por el cauce del registro.
La misma claridad sirve para una negativa. La normativa obliga a respetar la oposición expresa, tanto si afecta a todos los órganos como si se limita a alguno. La tarjeta, por tanto, no es un contrato irrevocable ni una autorización anticipada para extraer cualquier órgano.
La aptitud se decide en el hospital
No hay que autodescartarse por edad o por una enfermedad concreta. Sanitat indica que será el equipo médico quien evalúe, llegado el momento, la funcionalidad de los órganos y los riesgos de transmisión, y determine si la donación es posible y qué órganos pueden utilizarse. Tener tarjeta tampoco garantiza que finalmente se produzca una donación.
Este circuito se refiere a la donación tras el fallecimiento. Donar un órgano en vida exige otro procedimiento: mayoría de edad, evaluación médica y psicológica, ausencia de presiones o compensación, informe ético, consentimiento expreso ante un juez y realización en un centro autorizado.