La gravedad de la riada que asoló l'Horta Sud el 29 de octubre de 2024 no se debe exclusivamente al caudal del barranco de Poyo. Un análisis detallado del Instituto de Ingeniería del Agua y Medio Ambiente de la Universitat Politècnica de València (IIAMA-UPV) demuestra que la magnitud del desastre surgió de la suma de varios factores que actuaron al mismo tiempo. La coincidencia de crecidas en múltiples cauces, la lluvia previa que saturó el terreno y la presencia de sedimentos y urbanización en las llanuras inundables fueron las claves para entender la extensión del daño.
El equipo de investigación, formado por Carles Beneyto, Jaime Alberto Cachay-Melly, José Ángel Aranda, Miguel Ángel Eguibar, Rafael García-Bartual y Félix Francés, ha publicado sus hallazgos en la revista Journal of Hydrology: Regional Studies. Utilizando el modelo hidrológico TETIS, desarrollado en el propio centro universitario, los expertos reconstruyeron el episodio mediante datos de precipitación y simulaciones de alta resolución. Este enfoque permitió observar cómo la lluvia se convirtió en escorrentía, cómo el agua arrastró materiales sólidos y cómo la inundación se propagó por el territorio.
Los resultados indican que la mayoría de los barrancos analizados alcanzaron sus picos de caudal entre las 18:30 y las 19:50 horas. Esta sincronización hizo que grandes volúmenes de agua y sedimentos confluyeran en un intervalo muy reducido, multiplicando el impacto. Las simulaciones sitúan la aportación conjunta del sistema en torno a 7.000 metros cúbicos por segundo antes de los principales desbordamientos. Esta cifra no corresponde a una medición puntual, sino a una estimación global de todas las aportaciones del conjunto de cauces.
La secuencia de las lluvias también jugó un papel crucial. Las precipitaciones matutinas humedecieron las cuencas, lo que aceleró y intensificó la respuesta ante las lluvias extraordinarias de la tarde. Además, los sedimentos representaron aproximadamente el 7% del volumen total de la avenida, llegando al 19% en los momentos de mayor caudal. Estos materiales aumentaron la resistencia al flujo y redujeron la capacidad de evacuación de los cauces. La ocupación urbana de las llanuras y la presencia de infraestructuras condicionaron los recorridos del agua y las profundidades alcanzadas.
El estudio advierte que no basta con evaluar episodios complejos mediante estimaciones estadísticas de caudales en puntos específicos. La planificación territorial y las medidas de prevención deben integrar conjuntamente la lluvia, la respuesta de las cuencas, el transporte de sedimentos y la ocupación del territorio. Esta aproximación es fundamental para mejorar la evaluación del riesgo y la gestión de inundaciones extremas en el ámbito mediterráneo. El trabajo se ha realizado con financiación del Ministerio de Ciencia e Innovación a través del proyecto TETISPREDICT.