La Casa dels Bous, un edificio emblemático del Cabanyal-Canyamelar, se ha convertido en el Museu del Mar de València. Este espacio, restaurado con rigor histórico, alberga la memoria de los Poblats Marítims. Su transformación es fruto de una lucha de más de sesenta años por preservar el legado de los pescadores. La alcaldesa María José Català presidió la inauguración, un acto que significó mucho para la comunidad local. El lugar, que durante siglos albergó bous, cumplía funciones esenciales en la pesca tradicional. Estos animales, de gran tamaño y fuerza, eran clave para arrastrar barcas y redes desde la orilla. Su peso podía alcanzar los 700 kilos, y su capacidad de tracción llegaba hasta cuatro toneladas. Su diseño físico les permitía desplazarse sin hundirse en la arena, una ventaja crucial en la costa valenciana.
El museo se organiza en tres áreas distintas: planta baja, primera planta y las casitas de Tenyidors. Cada espacio está pensado para mostrar diferentes aspectos del oficio pesquero. La planta baja exhibe herramientas, fotografías y objetos que reflejan el trabajo diario. La primera planta y las casitas ofrecen una mirada más profunda sobre la vida cotidiana de los pescadores. Todo el contenido se basa en testimonios orales, documentos familiares y materiales recuperados por entidades sociales. Rubén Pacheco, director del proyecto, destacó la importancia de salvar esta memoria antes de que se perdiera. Las entrevistas con antiguos trabajadores fueron clave para reconstruir la historia viva del lugar.
La Casa dels Bous, que sobrevivió a la desaparición de muchas otras, ahora es un símbolo de resistencia cultural. Su restauración fue realizada por Estudio Método de la Restauración, respetando todos los elementos originales. La información fue digitalizada por Cultural Media Design. El diseño museográfico fue obra de Matra, mientras que el logo fue creado por Ricardo Cañizares y Suso Pérez. Este museo no solo recupera el pasado, sino que lo eleva a categoría de patrimonio. Es el primer museo que València abre en dos décadas, un hecho con simbolismo profundo. No se trata de arte tradicional, sino de una forma de vida que desapareció con la mecanización de la pesca.
La pesca con bous no era solo una actividad económica, sino una cultura con sus propias costumbres, conocimientos y sabidurías. Este oficio diferenciaba a quienes vivían junto al mar de quienes lo hacían en el interior. La figura de Joaquim Sorolla y Vicent Blasco Ibáñez sirve como referencia histórica para entender esta realidad. Hoy, gracias a la iniciativa comunitaria, esa historia se preserva. La imagen de un pescador montando una red, como lo hacía su padre y su abuelo, sigue viva en los relatos. Para personas como Maria Amparo, el lugar es más que un museo: es su hogar. Lo que hace medio siglo parecía imposible ahora se ha materializado en un espacio que honra a quienes dieron de comer a miles de familias.