
Una parte de una de las colecciones artísticas más singulares de la provincia de Castellón viaja esta semana desde Vilafamés hasta Elche. En el Museu d’Art Contemporani Vicente Aguilera Cerni (MACVAC) se abre Gramática del Trazo, una exposición que reúne obras de figuras como Pablo Picasso, Henri Matisse, Salvador Dalí, Marc Chagall, Antoni Tàpies, Dora Maar, Andy Warhol o Jean-Michel Basquiat, entre otros. El gesto no es casual: es el paso de un tesoro artístico de un pueblo a una ciudad que lo acoge, pero también un eco de lo que está desapareciendo en su lugar de origen.
En Castellón, la galería Cànem ha cerrado sus puertas tras más de medio siglo de historia. Pilar Dolz, su directora, ha anunciado el cierre con una carta titulada simplemente "Punto y aparte". No es un adiós definitivo, sino un cierre de etapa. "Ha llegado el momento de la jubilación", dice, y aunque el anuncio ha pillado con el pie cambiado a muchos, no es un acto de desesperanza, sino de madurez. La galería, fundada en diciembre de 1974, fue un espacio clave en la evolución cultural de la ciudad, un refugio para artistas, un puente entre coleccionistas, críticos y creadores.
Cànem no fue solo un lugar para vender obras. Fue un taller, un laboratorio, un espacio de encuentro. Durante 50 años, el taller de Pilar se convirtió en refugio de todos los que se atrevieron con el grabado, desde los más pulcros con buril y plancha de cobre hasta los más torpes que ensuciaban las planchas con aguafuerte y aguatinta. "Por allá pasamos unos cuántos, cada uno de nosotros con nuestras manías", recuerda Vicent Carda. La galería nació en los últimos años del franquismo, en un momento en que Castellón comenzaba a abrirse a nuevas inquietudes culturales. Sus primeras exposiciones incluyeron a Andreu Alfaro en 1975 y a Josep Renau tras su regreso del exilio en 1976.
El cierre no es solo el fin de una galería, sino el cierre de uno de los últimos espacios dedicados de forma continuada al arte contemporáneo en la ciudad. La crisis económica de 2008 dejó profundamente alterado el mercado del coleccionismo local, y el sistema de suscripción que antes funcionaba a las mil maravillas ya no pudo sostenerse. Algunos coleccionistas comenzaron a ofrecer sus obras a la galería para venderlas, pero el modelo no resistió. A pesar de todo, Dolz no habla de desaparición absoluta. Su taller de grabado "espera en silencio nueva actividad", y promete que "en este castillo continuaremos alojando los espíritus, los libros, las obras, los recuerdos". La puerta no queda cerrada del todo.
El anuncio resuena con fuerza porque Cànem fue más que una galería: fue un actor en la historia cultural de Castellón. Su legado está entrelazado con la evolución de la ciudad. La Universitat Jaume I le otorgó una distinción extraordinaria por su compromiso cultural. Hoy, mientras una colección de grandes del arte viaja a Elche, en Castellón se cierra una puerta, pero se abre una ventana hacia lo que queda: el recuerdo, el espíritu, y la posibilidad de que algo nuevo nazca de lo que se ha guardado.