En una sala de la Filmoteca Valenciana, el jueves 17 de septiembre a las 18.00 horas, una niña de ocho años camina sola por las calles de Teherán, con un billete de un dólar en la mano. Su sueño: comprar un pez dorado para la fiesta del inicio de la primavera. Pero el dinero se pierde. Es el inicio de 'El globo blanco', la primera película de Jafar Panahi, que se proyecta como apertura de un ciclo dedicado al cineasta iraní. No es solo una historia de infancia, sino un acto de valentía artística en un contexto donde el cine se convierte en un acto de resistencia.
Panahi, nacido en Mianeh en 1960, es considerado uno de los grandes cineastas de la actualidad. Ha ganado los principales premios en cuatro de los festivales más prestigiosos del mundo: la Palma de Oro en Cannes por 'Un simple accidente', el León de Oro en Venecia por 'El círculo', el Oso de Oro en Berlín por 'Taxi Teherán' y el Leopardo de Oro en Locarno por 'El espejo'. Pero su reconocimiento internacional no ha evitado que desde 2009 esté sometido a una constante persecución por parte del régimen iraní, acusado de participar en protestas y de 'hacer películas contra el régimen'.
El ciclo, que se podrá ver hasta finales de octubre, reúne ocho largometrajes, divididos en dos bloques. Las primeras cinco películas —'El globo blanco', 'El espejo', 'El círculo', 'Crimson Gold' y 'Fuera de juego'— fueron rodadas antes de que Panahi fuera prohibido de filmar. En ellas, su mirada se centra en lo humano, en lo cotidiano, en lo poético: una niña que busca su casa, un veterano de guerra que recorre barrios ricos, mujeres que intentan sobrevivir en un sistema opresivo. 'Mostrar acontecimientos humanitarios interpretados de una forma poética y artística', según sus propias palabras.
Las tres últimas, sin embargo, fueron hechas en condiciones extremas. 'Esto no es una película' (2011), 'Taxi Teherán' (2015) y 'Los osos no existen' (2017) fueron rodadas de forma clandestina, con cámaras escondidas, bajo arresto domiciliario, sin pasaporte, sin libertad de movimiento. En ellas, Panahi no solo narra, sino que se convierte en su propio personaje, transformando las limitaciones en herramientas expresivas. 'Una imaginativa fusión entre fondo y forma en su abordaje de la situación de la mujer en una sociedad patriarcal', señaló el jurado de Venecia sobre 'El círculo'.
El ciclo no es solo una retrospectiva, sino un acto político. Al mostrar estas películas en Valencia, la Filmoteca Valenciana no solo celebra un arte, sino que resalta la coherencia de un cineasta que, pese a estar prohibido de filmar, sigue creando. 'En un mundo en el que las películas están hechas con millones de dólares, nosotros hemos hecho una película sobre una niña que quiere comprar un pez por menos de un dólar', dijo Panahi sobre su primera obra. Esa misma frase resume todo el ciclo: el poder del cine no está en el presupuesto, sino en la verdad que se atreve a contar.