El 23 de septiembre de 2026, la ciudad de Valencia se despidió de una figura central en su escena empresarial: Francisco Ros García. Su fallecimiento, confirmado por fuentes del ámbito económico, dejó un profundo vacío en el tejido industrial y asociativo de la Comunitat Valenciana. Ros García era delegado del grupo siderúrgico Ros Casares, una empresa con un papel fundamental en el sector del ferro en la región, y su desaparición supone un punto de inflexión para un entorno que dependía de su liderazgo y experiencia en la mediación entre el sector privado y las instituciones públicas.
Su trayectoria profesional se destacó por su compromiso con el desarrollo empresarial y la formación. Presidió la Asociación para el Progreso de la Dirección, una entidad enfocada en impulsar el crecimiento profesional y la innovación en el ámbito directivo. Además, ocupó cargos clave en organismos de representación como la Cámara de Comercio y la Asociación Valenciana de Empresarios, donde su influencia se tradujo en un constante esfuerzo por fortalecer el diálogo entre la industria y las administraciones, convirtiéndose en un referente de estabilidad y colaboración en el ecosistema económico local.
El grupo Ros Casares, fundado por su padre, lleva más de una década en concurso de acreedores, una situación que ha afectado gravemente su capacidad de inversión y ha generado incertidumbre entre proveedores y clientes. Aunque el grupo mantiene una base de clientes consolidada, la prolongada crisis ha limitado su dinamismo y ha dificultado la toma de decisiones estratégicas. La muerte de Ros García podría agravar las tensiones internas del grupo, acelerando la necesidad de buscar soluciones, ya sea mediante una reestructuración profunda o la venta de activos, para intentar recuperar la viabilidad del negocio.
La desaparición de una figura tan influyente marca el fin de una etapa en el sector siderúrgico valenciano. Su legado trasciende el ámbito empresarial, ya que dejó una huella en la promoción del liderazgo responsable y en la construcción de puentes entre la industria y las instituciones. El futuro del grupo y del sector dependerá ahora de nuevos líderazgos capaces de asumir los desafíos económicos y de competitividad que quedaron pendientes, heredando no solo la estructura empresarial, sino también el compromiso con el desarrollo sostenible del tejido industrial valenciano.