La acampada por el derecho a la vivienda en València no tiene fecha de finalización. El movimiento, que cumple un mes de ocupación en la plaza del Ayuntamiento, ha confirmado que permanecerá en el lugar de forma indefinida hasta que consiga una mesa de diálogo con las administraciones competentes. La principal exigencia es que el Gobierno, la Generalitat Valenciana y el Ayuntamiento pacten un acuerdo de mínimos para paliar la escalada de precios del mercado del alquiler. Los participantes consideran que la ciudad debe ser declarada zona tensionada, tal como han hecho otras urbes españolas, para poder topar los precios de las viviendas. Sin esta medida, no contemplan levantar el campamento, aunque tampoco es su única petición para marcharse.
La situación en el terreno muestra una protesta consolidada pero con signos de desgaste. Según las fuentes del movimiento, continúan aproximadamente 800 tiendas en la plaza, de las cuales algunas están vacías a propósito para recibir nuevas incorporaciones. Cerca de 700 personas siguen habitando el campamento de manera permanente. La convivencia diaria no está exenta de dificultades, ya que mantener la protesta mientras se trabaja o se estudia supone un esfuerzo considerable para muchos. A pesar del cansancio acumulado, la organización mantiene su intención de continuar hasta lograr avances reales en la negociación.
La relación con las instituciones públicas se mantiene en un punto muerto. Los portavoces de la acampada niegan que el Ayuntamiento de València haya establecido contactos reales para iniciar el diálogo. Aseguran que, más allá de las declaraciones de la alcaldesa Mª José Català sobre su disposición a hablar, no han recibido ninguna comunicación oficial ni propuesta concreta que satisfaga sus demandas. Consideran que la falta de avance es una cuestión de voluntad política. La organización está ultimando un manifiesto que recogerá estas reivindicaciones y lo hará público durante la semana, buscando garantizar que los compromisos alcanzados se desarrollen y ejecuten, independientemente de los cambios políticos que puedan ocurrir con las Elecciones Generales del 29-N.
El movimiento valenciano se distingue por su independencia organizativa frente a otras protestas similares, como la de la Puerta del Sol en Madrid. Las decisiones se toman de forma asamblearia en reuniones públicas los miércoles, viernes y domingos. La acampada también ha abordado otros temas de impacto local, como el cierre de comercios tradicionales por los altos costes del alquiler y la desaparición de la huerta valenciana, integrando la crisis de la vivienda con la transformación urbana de la ciudad.