La tarde del sábado en el centro de Valencia se vivió con una calma insólita, pero marcada por el vacío. Calles como Colón o La Paz, habituales en esta época, aparecieron desiertas mientras la mayoría de los comercios mantenían las puertas cerradas. La causa no fue el fin de semana, sino el temor a los disturbios y saqueos convocados a través de redes sociales por el grupo Blocus. Esta amenaza generó una reacción inmediata en el sector empresarial, que optó por la precaución antes que por la actividad comercial.
Rafael Torres, presidente de Confecomerç, fue uno de los primeros en cerrar su joyería a las quince horas. Su decisión se replicó en dos tercios de los establecimientos de la zona, según un sondeo de la organización. Torres expresó una sensación generalizada de incredulidad e injusticia ante las amenazas de grupos violentos. El impacto económico fue notable, ya que el cierre coincidió con un fin de semana de alta venta por las nóminas. Además, cines como Lys y el Teatro Olympia también cancelaron sus programaciones por seguridad.
Ante la situación, el Ayuntamiento convocó la Junta de Seguridad Ciudadana y activó un dispositivo policial masivo. La Delegación del Gobierno reforzó la presencia de Policía Nacional, Guardia Civil y Local, con unidades de intervención y vigilancia aérea. La alcaldesa, María José Catalá, advirtió de una tolerancia cero ante cualquier acto vandálico. A pesar de este despliegue, la tarde transcurrió sin incidentes reseñables, aunque la policía identificó a varios grupos de jóvenes en zonas sensibles como medida preventiva.
Paralelamente, la justicia actuó contra la organización. Dos juzgados decretaron prisión provisional sin fianza para dos detenidos vinculados a Blocus, incluido su supuesto fundador en España. También se detuvo a un menor por distribuir mensajes que facilitaban el acceso a chats para coordinar acciones. Otro menor ya estaba internado por crear los canales de comunicación que instigaban los saqueos. Estas medidas judiciales se produjeron en un contexto de alerta máxima, aunque la ciudad mantuvo la calma.