El vino valenciano ya no es solo un producto local, sino un actor relevante en el comercio exterior. Durante 2025, las ventas al extranjero alcanzaron los 269 millones de euros, una cifra que posiciona al sector como un pilar fundamental de la agroalimentación regional. Esta solidez económica ha servido de base para que el director general de Industria y Cadena Agroalimentaria, Ernesto Fernández, se reuniera con representantes del sector para trazar las próximas líneas de acción. El objetivo es claro: mantener la competitividad y asegurar la continuidad del viñedo ante los retos del mercado actual.
La modernización de las instalaciones se ha convertido en una prioridad indiscutible. Para apoyar este proceso, la Generalitat ha respaldado 76 proyectos de inversión dentro de la Intervención Sectorial Vitivinícola 2023-2027. De este conjunto, 14,2 millones provienen de ayudas públicas destinadas a mejorar la tecnología y la eficiencia de las bodegas. Fernández ha defendido la necesidad de continuar con estos instrumentos financieros, ya que permiten a las empresas adaptarse a las nuevas exigencias y añadir valor a la producción local.
El relevo generacional también ocupa un lugar central en la estrategia. En 2025, 97 de las 548 ayudas concedidas a jóvenes agricultores se dirigieron específicamente a explotaciones de viñedo. Para seguir fomentando esta renovación, la administración ha anunciado una nueva convocatoria con un presupuesto de 8 millones de euros. Además, se ha reforzado el apoyo a la internacionalización con 2,4 millones destinados a acciones de promoción en mercados de terceros países.
La reducción de costes operativos ha sido otro de los acuerdos destacados. Las tasas vinculadas al análisis del vino han experimentado rebajas superiores al 60 % en pruebas clave como el grado alcohólico o la acidez total. Esta medida no solo aligera la carga administrativa, sino que también busca relanzar el Instituto Tecnológico de Viticultura y Enología de Requena. El director general ha subrayado que estas políticas responden a las necesidades reales del territorio y refuerzan la identidad de muchas comarcas del interior.