
La noticia cayó como una losa sobre la asamblea diaria de la acampada por el derecho a la vivienda en la plaza del Ayuntamiento de Valencia. El fallecimiento de Maricarmen, la anciana desahuciada en Madrid que se había convertido en un símbolo del movimiento, desató una oleada de dolor y rabia entre los más de 300 acampados. Tras un minuto de silencio que paralizó el espacio, la indignación se apoderó de la plaza, donde se coreó que la muerte de la mujer no fue un hecho aislado, sino el resultado de un sistema que prioriza los intereses inmobiliarios sobre la vida de las personas. Los asistentes entendieron el suceso como evitable y lo vincularon directamente con el desahucio, sintiendo que la anciana había sido asesinada por la falta de alternativas habitacionales.
El impacto emocional transformó inmediatamente el tono de la reunión, que estaba centrada en la seguridad ante posibles intervenciones de grupos de extrema derecha. La preocupación por la autodefensa y la organización frente a posibles ataques quedó en un segundo plano ante la necesidad de procesar el duelo colectivo. Los acampados, que incluían miembros de movimientos scouts y otras entidades sociales, expresaron su empatía con la víctima, recordando que podría haber sido cualquier otra persona. La consigna se volvió clara: convertir la rabia en respuestas políticas y sociales, con el objetivo de paralizar el país en solidaridad con todas las Maricarmenes.
Este clima de tensión y ocupación del espacio público ha tenido consecuencias prácticas inmediatas en el programa festivo del 9 de Octubre. La Muestra de Bailes, Músicas y Canciones Valencianas, que debía celebrarse en la explanada central, ha sido trasladada a un nuevo emplazamiento junto a la estatua de Francesc de Vinatea. El Ayuntamiento ha comenzado el montaje del escenario en esta ubicación alternativa, que mirará hacia la avenida María Cristina, para evitar la colisión con las tiendas de campaña. La Federación de Folklore de la Comunitat Valenciana, organizadora del evento, prevé la asistencia de un millar de personas, aunque el escenario será desmontado el mismo día para permitir el paso de la procesión cívica.
La ocupación de la explanada central también ha provocado la cancelación de la mascletà, el espectáculo pirotécnico que tradicionalmente cierra la jornada festiva. La Delegación del Gobierno ha informado al Consistorio de que es inviable levantar el campamento, lo que hace imposible realizar la mascletà en su ubicación habitual, vinculada al final de la procesión y al regreso de la Real Senyera. Aunque la alcaldesa María José Catalá defendió el mantenimiento de todo el programa, la realidad del terreno ha obligado a adaptar los actos. La dansà popular, sin embargo, se mantendrá en la plaza a las 21 horas, tras la Muestra de Bailes, como un acto de convivencia y celebración de la cultura valenciana en un contexto extraordinario.