
La movilización, que comenzó el pasado sábado, ha logrado mantenerse activa y en expansión incluso después de la pausa obligada que supuso la celebración del Día de la Comunitat Valenciana el 9 de octubre.
Durante la jornada festiva, los organizadores decidieron retirar algunas carpas y paralizar la entrada de nuevas tiendas para no interferir con los actos institucionales programados en la explanada. Sin embargo, una vez finalizada la celebración, el campamento ha recuperado su ritmo habitual. Los participantes están trabajando en la habilitación de nuevos espacios para acomodar a quienes desean unirse a la protesta. Mario, otro de los portavoces del movimiento, ha destacado que, aunque la situación es sacrificada, los ánimos se mantienen altos gracias a una organización interna eficiente.
Para sostener la permanencia en la calle, la comisión de cultura ha programado diversas actividades como talleres de punto de cruz, danzas regionales y noches de cortometrajes. Estas iniciativas buscan no solo amenizar la lucha, sino también fomentar la convivencia entre los más de 1.500 miembros que forman parte de la acampada. La comisión de accesibilidad está estudiando cómo distribuir mejor las tiendas y crear pasillos transitables para evitar problemas de movilidad con el aumento de participantes.
La convivencia en la plaza ha sido pacífica, incluso ante la presencia de grupos de extrema derecha que intentaron increpar a los manifestantes durante el 9 de octubre. Los acampados respondieron con calma y sin entorpecer los actos oficiales, lo que permitió compatibilizar la protesta con la celebración festiva. Hugo ha asegurado que la acampada seguirá instalada hasta que las capas del Gobierno acudan a dialogar sobre la vivienda. Ante la proximidad del Día de la Hispanidad, los organizadores están barajando medidas de seguridad similares a las adoptadas previamente, como la creación de cordones de protección con apoyo de entidades ciudadanas.