El escenario del Teatro Echegaray en Ontinyent se convirtió en un espacio de memoria colectiva. Allí, el viernes 16 de octubre, se estrenó 'Rogles de cançons i misèria', una obra que no solo cuenta historias, sino que las devuelve a la vida. Escrita y dirigida por Paula Llorens e Isabel Martí, la propuesta de Cactus Teatre se enmarca en el programa del Teatro de la Memoria impulsado por la Diputación de Valencia.
La obra no busca solo entretener. Busca recuperar voces silenciadas. A través de cinco escenarios cotidianos —el lavadero, la costura, el parto, la comida y el rosario—, recrea las experiencias de mujeres que vivieron la posguerra en el anonimato. Cada 'rogle', como se denominan los espacios escénicos, es un refugio de resistencia, solidaridad y esperanza. La música tradicional no es decoración: es el hilo conductor de una memoria que se transmite de generación en generación.
El ciclo no se queda en Ontinyent. Dos días después, el domingo 18, Atzeneta d’Albaida acogerá la misma propuesta en el Centre Sociocultural. Ambas funciones están financiadas por la Diputación dentro del marco del Teatro de la Memoria. La iniciativa forma parte de una estrategia más amplia que incluye el programa 'La Memòria a l’Escola' y 'La Memoria en las Bibliotecas', que buscan acercar la historia a jóvenes y a la ciudadanía.
La vicepresidenta Natàlia Enguix, responsable de Memoria Democrática, definió el espectáculo como una herramienta para reflexionar sobre el pasado, el presente y el futuro. 'La cultura es una herramienta que nos permite fortalecer la democracia y los derechos humanos', afirmó. La obra, estrenada en 2025, no es un recuerdo nostálgico, sino un acto de denuncia y homenaje.
El proyecto se enmarca en una línea de programación cultural que Escalante, el proyecto teatral de la Diputación, ha desarrollado en temporadas anteriores. Su continuidad en noviembre en otros municipios refuerza el compromiso con la memoria colectiva. No se trata de un evento aislado, sino de una política cultural que busca transformar el recuerdo en acción.
El Teatro de la Memoria no solo recuerda. Reclama. Reclama que las historias de quienes sufrieron en silencio no se pierdan. Que las canciones que cantaron en el lavadero no se apaguen. Que las mujeres que resistieron no queden olvidadas. Y que, desde el escenario, la memoria se convierta en un acto de dignidad.