La acampada instalada en la plaza del Ayuntamiento de València mantiene su presencia pese a una noche de intensas lluvias que afectaron gravemente las tiendas. Las precipitaciones, que superaron los 600 litros por metro cuadrado en una hora, provocaron inundaciones y daños significativos, obligando a los acampados a actuar de inmediato para achicar agua y reforzar sus refugios con materiales improvisados. A pesar del temporal, el campamento no ha registrado salidas masivas, lo que demuestra la firmeza de quienes lo habitan. La prioridad tras la tormenta fue la reconstrucción y el mantenimiento de las condiciones básicas de vida, superando incluso la noticia de la convocatoria de elecciones nacionales.
La reacción ante el anuncio de nuevas elecciones fue escasa dentro del campamento. Los acampados no consideran el proceso electoral como un punto de inflexión en su lucha. Su enfoque sigue centrado en la crisis de vivienda, un problema que consideran estructural y que trasciende los marcos autonómico y nacional. Para ellos, la urgencia no radica en los cambios políticos institucionales, sino en garantizar el derecho a una vivienda digna. Esta postura se mantiene firme, incluso frente a la incertidumbre generada por el calendario electoral.
La preocupación principal ahora gira en torno al Nou d’Octubre, la festividad de la Comunitat Valenciana. La proximidad de esta fecha ha generado inquietud entre los acampados, temiendo que los actos oficiales previstos en la plaza del Ayuntamiento desplacen la atención de sus reivindicaciones. El espacio, que ya alberga múltiples actividades, podría verse saturado por eventos institucionales, lo que podría eclipsar su mensaje. Esta situación añade tensión a una situación ya delicada, donde la visibilidad y el espacio físico son cruciales para su movilización.
El campamento, que comenzó como una respuesta espontánea a una manifestación por el derecho a la vivienda, ha logrado mantener una estructura organizada. Aunque el número de personas ha disminuido desde el pico inicial, actualmente se estima que entre 400 y 600 personas permanecen acampadas. Más de 3.000 personas han pasado por el lugar desde su inicio, y la rotación se sostiene gracias a la ayuda constante de colaboradores que aportan alimentos, ropa y otros elementos esenciales. El espacio se ha convertido en un centro de asambleas, logística y solidaridad, con calles bautizadas con nombres simbólicos.
La tensión también se ha manifestado en momentos de conflicto. Tras una manifestación, algunos participantes intentaron romper el cordón policial en el Palau de Les Arts, lo que provocó una respuesta con pelotas de goma y botes de humo. La acción dejó nueve agentes heridos y cinco detenidos. Las organizaciones que convocaron la movilización han denunciado la represión y anunciado la creación de una caja de resistencia para apoyar a quienes fueron detenidos, reafirmando su compromiso con la defensa de sus derechos.
Aunque el tiempo ha mejorado y se prevé una tregua en las lluvias, la incertidumbre persiste. El campamento sigue siendo un espacio activo de resistencia, donde se organizan actividades cotidianas y se fortalece la comunidad. Su mensaje es claro: no se rendirán ante las condiciones climáticas, las elecciones o el miedo al desalojo. La lucha por el derecho a la vivienda sigue siendo el eje central de su presencia en la plaza del Ayuntamiento.