
Valencia ha logrado un hito importante al posicionarse entre las seis ciudades semifinalistas para el título de Capital Europea de la Innovación 2027, un reconocimiento otorgado por la Comisión Europea que valida su enfoque transformador de la innovación urbana. Este estatus no es meramente simbólico, sino el resultado de una estrategia concreta que ha convertido la ciudad en un entorno activo donde las soluciones se prueban en contextos reales, más allá de los confines de los laboratorios. El modelo valenciano se basa en la idea de que la innovación debe estar integrada en la vida cotidiana, aprovechando calles, plazas, servicios municipales y espacios públicos como escenarios de experimentación constante.
El núcleo de esta transformación es el Sandbox Urbano, un sistema que pone a disposición de startups, universidades, empresas y ciudadanos más de 150 recursos urbanos preautorizados para desarrollar proyectos. Desde instalaciones deportivas hasta eventos culturales, estos espacios se convierten en plataformas donde se ensayan nuevas tecnologías, modelos de gestión y propuestas sociales. Esta apertura no solo facilita la prueba de ideas, sino que acelera su puesta en marcha, permitiendo que una parte significativa de los proyectos finalizados logre acceder al mercado.
La ciudad ha consolidado su posición como actor clave en la innovación europea, participando en más de 35 iniciativas comunitarias desde 2023 y movilizando un presupuesto superior a 226 millones de euros. Este nivel de implicación refuerza su capacidad para generar impacto a través de colaboraciones entre administraciones, empresas, centros de investigación y la sociedad civil. El enfoque no se limita a la tecnología, sino que busca que la innovación contribuya a fortalecer la democracia, la inclusión social y la cohesión urbana, convirtiéndose en una herramienta al servicio de las personas.
El jurado evaluará las candidaturas según seis ejes fundamentales: la capacidad de experimentación en entornos reales, la construcción de un ecosistema colaborativo, la gobernanza eficaz del proceso innovador, la expansión y replicabilidad de soluciones, una visión estratégica de ciudad vinculada a las transiciones verde y digital, y el uso de la innovación para proteger y ampliar los derechos de la ciudadanía. Valencia no solo responde a estos criterios, sino que los redefine al situar a la ciudadanía en el centro del proceso, asegurando que las nuevas soluciones respondan a necesidades reales y no a intereses aislados.
La concejala de Innovación, Paula Llobet, ha destacado que el verdadero valor no está en la tecnología en sí, sino en su aplicación práctica para resolver problemas cotidianos. Para ella, la innovación debe salir del aislamiento y probarse en la vida real, donde cada espacio público puede convertirse en un campo de prueba. Este modelo, que ya está en funcionamiento, demuestra que el futuro no se espera, sino que se construye activamente en la ciudad, con la participación de todos los actores del ecosistema.