
La espada de Jaume I, un símbolo histórico de la ciudad desde la conquista de València en 1238, regresará a las calles del municipio el 9 de octubre tras una ausencia de medio siglo. Su reaparición en la Processó Cívica no solo conmemora el 750 aniversario de la muerte del monarca, sino que también rescatará una tradición ceremonial que se remonta al siglo XVII. La pieza, actualmente custodiada en el Museo Histórico Municipal, será trasladada por dos maceros y conservadores municipales, colocada sobre un cojín especial, y acompañada por el interventor general del Ayuntamiento, Ramón Brull Mandingorra, quien asumirá la responsabilidad de su custodia durante la procesión.
La elección de Brull no es meramente protocolaria. La alcaldesa María José Catalá lo designó en reconocimiento a su larga trayectoria profesional y a su compromiso con la ciudad, calificando su labor como una «impecable hoja de servicios». Su nombramiento también responde a un deseo de mantener viva una costumbre histórica, en la que el Racional —un cargo vinculado a la contabilidad municipal— era quien llevaba la espada al hombro durante la celebración. Esta práctica, documentada desde 1666, se ha mantenido en la memoria colectiva como un acto de identidad institucional.
Antes de su desfile, la espada y la Reial Senyera estarán expuestas conjuntamente en el Saló de Cristall de la Casa Consistorial. Las visitas se podrán realizar del 6 al 8 de octubre, con horarios ajustados: de 11.00 a 21.00 horas el día 6, y de 10.00 a 21.00 horas los días 7 y 8, con cierre de acceso a las 20.30. Esta exposición permitirá a los ciudadanos y visitantes contemplar de cerca una de las piezas más emblemáticas de la historia valenciana, en un momento previo a su reaparición en el acto público más significativo del año.
La celebración del 9 de octubre se desarrollará bajo un operativo de seguridad coordinado por la Junta Local de Seguridad, reflejando la importancia del evento. El regreso de la espada no solo es un homenaje al pasado, sino también una forma de reivindicar la continuidad de las tradiciones que han moldeado la identidad de la ciudad. Su presencia en la procesión, tras su última aparición en 1976 durante el 700 aniversario de la muerte del rey, simboliza un cierre de ciclo y un nuevo inicio en la memoria colectiva.
El hecho de que Brull, al finalizar su carrera en el Ayuntamiento, asuma esta responsabilidad conlleva un valor simbólico profundo. Representa la continuidad entre generaciones de funcionarios que han servido con discreción y dedicación. Su figura, elegida por su dignidad y compromiso, encarna el espíritu de la tradición que se quiere honrar. Así, la jornada no solo celebra a Jaume I, sino también a quienes han contribuido al funcionamiento y prestigio de la ciudad a lo largo de los años.
En conjunto, este acto reúne historia, ceremonial y reconocimiento institucional. La espada, como símbolo de la conquista y de la identidad valenciana, vuelve a recorrer las calles no solo como un objeto histórico, sino como un testimonio vivo de la continuidad cultural. Su desfile, acompañado por la Reial Senyera y bajo la custodia de un funcionario de reconocida trayectoria, convierte la Processó Cívica en un momento de profunda significación para la comunidad valenciana.