
El Castellón no solo ganó, sino que se impuso con una autoridad que no deja dudas. En Butarque, el equipo albinegro se llevó los tres puntos con un 0-2 que refleja una ventaja mucho mayor en el juego. El marcador no refleja el dominio total, pero sí el control absoluto que ejercieron desde el primer minuto.
La primera llegada clara llegó en el minuto cuatro, cuando Álvaro Morata falló un gol en boca de gol. El meta del Leganés, Luca Zidane, se encargó de evitar el 0-1, pero no pudo detener el ímpetu del Castellón. En los primeros compases, los visitantes ya mostraron una presión constante, con transiciones rápidas y una defensa que no dejó espacio para el contragolpe.
El primer gol llegó tras una acción de baile de salón entre Suero y Zidane. El belga despejó mal, y el español aprovechó para lanzar desde fuera del área. El balón se coló en la red, y el estadio se quedó en silencio. El 0-1 fue un golazo, pero no el único.
Tras el descanso, el Castellón no bajó el ritmo. Suero volvió a ser clave, esta vez con un taconazo que permitió a Jakobsen recibir. El danés avanzó con decisión, levantó la cabeza y colocó el balón lejos del alcance de Zidane. Dos minutos después, el 0-2 era un hecho.
El Leganés intentó reaccionar, pero el Castellón administró el partido con precisión. En el minuto 83, un penalti fue detenido por Romain Matthys, que evitó el gol. La expulsión de Jérémy Mellot fue el colofón de una tarde en la que el equipo de Pablo Hernández demostró que no necesita techo para ser líder.
La forma, no solo los puntos, define al Castellón. Ya no son solo los 19 puntos de 21 posibles, sino la manera en que los consiguen. El equipo juega sin cadena, con libertad, y encuentra soluciones en los momentos clave. La alineación fue prácticamente la misma que la del partido anterior, pero el rendimiento fue superior.
El Leganés, con cinco bajas, intentó armar un ataque con Morata y Soko, pero el dominio del Castellón fue tan claro que incluso los intentos más valientes se diluyeron en el campo. El partido fue una lección de fútbol colectivo, donde el talento individual se fundió con la inteligencia táctica.
El Castellón no solo sigue líder, sino que lo hace con una identidad que ya no se puede negar. Su homólogo Rubén Albés no pudo contrarrestar el ritmo, y el equipo madrileño quedó desbordado. La ventaja no fue solo técnica, sino mental. El Castellón ya no es solo un equipo que gana, sino uno que impone su ley.