
La acampada por la vivienda digna en la plaza del Ayuntamiento de Valencia ha logrado resistir la noche de fuertes precipitaciones sin que el campamento haya sido desalojado. Tras horas de aguacero, los manifestantes que se mantienen en el centro de la ciudad han comenzado el domingo con labores de limpieza y reparación de los daños causados por el temporal. Aunque el miedo a que las estructuras colapsaran fue intenso durante la madrugada, la primera prueba meteorológica se ha superado sin incidentes graves, y el ánimo del grupo parece haberse fortalecido tras comprobar la eficacia de las medidas adoptadas.
La organización del campamento ha sido clave para afrontar la tormenta. Una comisión específica se encargó de reforzar las estructuras de las aproximadamente quinientas tiendas, utilizando palos como soportes y garrafas de agua como contrapesos para evitar que el viento las arrastrara. Se mantuvieron las lonas bien tensas para impedir la formación de balsas de agua que pudieran hundirlas, y se unieron las filas de tiendas con bridas para distribuir mejor el peso. Además, se limpiaron las alcantarillas obstruidas y se despejaron los pasos de agua, recomendando abandonar las zonas más expuestas o bajo árboles.
Durante la noche, los participantes no descansaron apenas, dedicándose a vaciar el agua acumulada en los toldos y a revisar que nada hubiera salido volando. Algunos, como Samuel, que regresaba de trabajar, se unieron a las labores de emergencia alrededor de la medianoche. A primera hora de la mañana, mientras unos desayunaban, otros inspeccionaban los desperfectos para proceder a las reparaciones necesarias. La intensidad de la lluvia alcanzó su punto máximo en esas horas nocturnas, obligando a una vigilancia constante.
A pesar de los esfuerzos, la Aemet mantiene la alerta naranja por lluvias intensas, lo que hace que las próximas horas se prevengan complicadas. Algunos manifestantes han optado por buscar refugio en viviendas de compañeros, especialmente aquellos con familia que les instó a no pasar la noche en la calle. No obstante, la organización ha dejado claro que nadie está obligado a permanecer en la acampada y ha facilitado el traslado de quienes lo deseaban en vehículos. La experiencia ha servido para reflexionar sobre la realidad de quienes viven en la calle de forma permanente, algo que contrasta con la protesta temporal de los acampados.