
Valencia se ha vestido de fiesta este 9 de octubre para conmemorar el Día de la Comunitat Valenciana, una jornada marcada por la recuperación de símbolos históricos y por la presencia de la acampada por el derecho a la vivienda en la plaza del Ayuntamiento. La edición de 2026 cobra un especial relieve al coincidir con el 750 aniversario de la muerte de Jaume I, motivo por el cual la alcaldesa, María José Catalá, ha querido otorgar un mayor protagonismo a los orígenes de la ciudad. La Real Senyera y la espada atribuida al Conqueridor han sido las grandes protagonistas de la mañana, regresando la segunda a la procesión cívica después de medio siglo de ausencia.
La bajada de la Real Senyera desde el balcón consistorial ha dado paso a la Procesión Cívica, que ha recorrido el centro de la capital del Turia con un itinerario ligeramente modificado. La presencia de los manifestantes agrupados en la plaza ha obligado a realizar ajustes en el paso de la comitiva, aunque los acampados han retirado temporalmente sus tiendas para permitir el tránsito. La procesión ha culminado con un solemne tedeum en la Catedral y la tradicional ofrenda de coronas ante la estatua de Jaume I en la plaza de Alfonso el Magnánimo.
La mascletà, un acto tradicional que se dispara en la plaza del Ayuntamiento, ha sido suspendida definitivamente debido a la imposibilidad de utilizar su emplazamiento habitual. Los portavoces de la acampada han criticado que la suspensión se haya utilizado como un pulso político, mientras que la alcaldesa ha destacado la concordia que representa la procesión cívica y el buen comportamiento de los valencianos. La acampada, que cuenta con un censo interno de mil personas, ha mantenido una actitud neutra y de observación durante los actos oficiales.
Por la tarde, la ciudad ha acogido dos manifestaciones convocadas por Acció Cultural del País Valencià y la Coordinadora Obrera Sindical. Ambas han compartido gran parte del recorrido, partiendo desde la plaza de Sant Agustí y finalizando en puntos distintos de la ciudad. Las reivindicaciones han abarcado desde la defensa de la lengua y la cultura hasta la vivienda y la financiación justa.