
El calendario fallero se detiene en un instante preciso. Trece mujeres y trece niñas aguardan una llamada telefónica que marcará el inicio de su año de reinado. El Roig Arena fue el escenario donde estas veintiséis finalistas superaron las pruebas definitivas. Antes de llegar a este punto, partían de un grupo de 146 aspirantes que fueron reduciéndose progresivamente. Ahora, la incógnita permanece. Una de las adultas y una de las niñas recibirán la Telefonada para convertirse en las nuevas reinas. Las restantes veinticuatro candidatas consolidarán su estatus como miembros de sus respectivas Cortes de Honor. Detrás de estos nombres hay historias personales muy distintas. Algunas comenzaron su vinculación con la fiesta en la infancia. Otras descubrieron el casal más tarde, guiadas por padres, abuelos o hermanos. Cada una aporta una profesión, una edad y una visión única de la celebración. Las menores, en concreto, compaginan esta nueva agenda con deberes escolares, entrenamientos y vida social. La llamada que están esperando cambiará sus rutinas habituales. Han recorrido Preselecciones y comisiones durante todo un ejercicio. El resultado final las sitúa en la máxima representación de las Fallas. El momento de la llamada despejará las últimas dudas sobre quiénes ostentarán los cargos. La fiesta no se reduce a una agenda de eventos.