
Tras la manifestación del sábado por el derecho a la vivienda, un grupo de personas decidió instalar un campamento que, lejos de disolverse, ha logrado sobrevivir a su segunda noche bajo una intensa lluvia. Los participantes, que ya superan las doscientas personas, han transformado la plaza en un espacio autogestionado donde las asambleas y las comisiones de convivencia y seguridad marcan el ritmo de la protesta.
La organización interna ha sido clave para mantener la cohesión del grupo. Los acampados han repartido tareas entre comisiones de cocina, recursos y cultura, e incluso han nombrado las calles interiores del campamento, siguiendo el ejemplo de otras movilizaciones históricas. Hugo, uno de los portavoces, ha destacado que la iniciativa, aunque espontánea, cuenta con el apoyo de colectivos como el Sindicato de Inquilinas, aunque no está directamente organizada por ellos. La decisión de mantener la acampada de forma indefinida se tomó por votación, con el objetivo de ejercer presión hasta que se logren cambios reales en la situación habitacional.
El temporal de lluvia ha puesto a prueba la resistencia del campamento. Las fuertes precipitaciones de madrugada han inundado varias tiendas y derribado algunos toldos, obligando a los participantes a trabajar desde primera hora de la mañana para recolocar el material. A pesar de las dificultades, los portavoces han asegurado que el grupo no se rinde y que la organización en comisiones les permite responder con rapidez a los imprevistos.
La convivencia con los actos oficiales del 9 de Octubre ha requerido ajustes logísticos. Los acampados han anunciado la retirada de decenas de tiendas para facilitar el paso de la procesión cívica y han prohibido la instalación de nuevas carpas esa noche. La asamblea ha recordado la muerte de Maricarmen, la anciana desahuciada en Madrid, como el detonante de esta oleada de indignación que ha trascendido las fronteras de la ciudad.
También ha habido tensión con la presencia de un grupo ultraderechista que se concentró en la plaza de la Reina. Aunque la convocatoria reunió a apenas una treintena de personas, un joven del grupo intentó grabar a transeúntes y provocó un enfrentamiento verbal que fue intervenido por la Policía Nacional. La protesta por la vivienda sigue ganando fuerza en los barrios, con la promesa de mantenerse en la plaza mientras la situación lo requiera.