
El Oceanogràfic de Valencia se convirtió en el escenario de una de las pruebas más significativas para las trece candidatas a Fallera Mayor 2027, entre las que se incluyen dos jóvenes de edad infantil. Durante una jornada intensa, las aspirantes recorrieron el espacio del "mar de sensaciones", donde se evaluó su presencia, su capacidad de interactuar con el entorno y su forma de relacionarse con el público. Esta experiencia marcó el inicio de una etapa crucial en la que cada una deberá demostrar su compromiso, personalidad y preparación ante el jurado. La prueba, realizada en un entorno emblemático, puso a prueba no solo su actitud, sino también su conexión con la fiesta de las Fallas, que trasciende el mero espectáculo y se convierte en un estilo de vida para muchas de ellas.
Entre las candidatas destaca Alejandra Blanco Beltrán, de Campanar, quien lleva desde los tres años inmersa en la cultura fallera. Su vínculo con la fiesta se remonta a su abuela, quien transmitió su pasión a su madre y, posteriormente, a ella. Hoy, a sus 21 años, Alejandra estudia un doble grado en Educación Infantil y Primaria, con especialización en Pedagogía Terapéutica, y forma parte de la comisión Avinguda Mestre Rodrigo-General Avilés. Para ella, el casal es un hogar, un lugar donde construye amistades y vive la fiesta a lo largo de todo el año, especialmente los viernes de cenas. Su deseo es vivir un año en el que pueda llevarse doce amigas, un símbolo de la importancia que da al trabajo en equipo y a la cercanía.
Otra de las protagonistas es Alejandra Vidal Giner, de once años, quien ya siente que ha cumplido un sueño al alcanzar esta etapa. Su historia también está marcada por el legado familiar, aunque en su caso el vínculo con las Fallas comenzó con su abuelo. Aunque aún no ha sido elegida, la emoción de participar la llena de ilusión. Al igual que Alejandra Blanco, también valora profundamente las relaciones forjadas en el casal, especialmente las cenas semanales que se han convertido en una tradición. Ambas jóvenes, a pesar de su edad, comparten una visión clara de lo que significa representar a Valencia: con serenidad, alegría y autenticidad.
Marina Berzal Serrano, de La Creu Coberta, aporta una perspectiva de experiencia y compromiso. Lleva 22 años vinculada a su comisión, a la que llegó gracias a sus tíos, y la considera su segunda familia. Para ella, el casal es un refugio, un espacio seguro donde ha crecido junto a otras personas que comparten su pasión. Su historia refleja cómo las Fallas trascienden generaciones y se convierten en un pilar fundamental de la identidad personal. Tanto ella como las demás candidatas, a pesar de sus diferencias de edad y trayectoria, coinciden en que representar a Valencia requiere una actitud cercana, responsable y llena de entusiasmo.
El proceso continúa con la expectativa de que se acerque la decisión final. Cada una aporta su estilo, pero todas comparten una misma convicción: vivir esta experiencia con autenticidad y transmitir el espíritu de las Fallas con dignidad. La prueba en el Oceanogràfic no solo fue un momento de evaluación, sino también una oportunidad para que las candidatas demostraran que están preparadas para asumir un papel tan significativo en la tradición valenciana. El camino hacia la elección definitiva sigue adelante, con el corazón puesto en la fiesta y en la posibilidad de convertirse en embajadoras de una de las celebraciones más emblemáticas del mundo.