
Jelly Bean, una de las belugas trasladadas desde el cerrado Marineland Canadá, ha fallecido de forma repentina durante la noche en el Oceanogràfic de Valencia. El cetáceo llegó a las instalaciones el 27 de agosto junto con otra beluga, Cleopatra, y cuatro delfines, como parte de una operación internacional de rescate que buscaba reubicar a los animales tras años de permanencia en un centro que llevaba cerca de dos años inactivo. Desde su llegada, todos los animales han sido objeto de un seguimiento constante por parte del equipo veterinario y de cuidadores del centro, en un esfuerzo por facilitar su adaptación al nuevo entorno.
En los últimos días, Jelly Bean presentó dificultades para alimentarse, lo que provocó un incremento en la vigilancia médica, con un control continuo las 24 horas. A pesar de estos esfuerzos, la beluga mostró episodios de mejoría y mantuvo una actitud receptiva con sus cuidadores, lo que generó cierta esperanza en el equipo. Sin embargo, esta evolución no fue suficiente para evitar su fallecimiento, que ocurrió de manera inesperada durante la madrugada del martes.
El Oceanogràfic ha expresado su profundo pesar por la pérdida, destacando que el equipo de profesionales que trabajó con Jelly Bean se encuentra afectado por el evento. Aunque aún no se ha determinado la causa exacta de la muerte, se ha anunciado que se realizará una necropsia en colaboración con un grupo de patólogos de la Universidad CEU Cardenal Herrera. El análisis tendrá como objetivo investigar posibles factores como condiciones preexistentes, complicaciones derivadas del traslado o dificultades relacionadas con la adaptación al nuevo hábitat.
La operación de rescate, que incluyó la reubicación de 30 belugas desde Canadá, puso de manifiesto la complejidad de reintegrar a animales tras largos períodos en condiciones insuficientes. Los responsables del centro han señalado que cada animal tenía un historial único y necesidades específicas, por lo que un seguimiento individualizado y continuo es esencial para evaluar su salud con precisión. Este caso subraya la importancia de los protocolos de adaptación y vigilancia en centros de conservación, así como la necesidad de estudios posteriores para mejorar el manejo de futuros traslados.
Mientras tanto, Cleopatra y los cuatro delfines rescatados continúan evolucionando favorablemente bajo supervisión constante. Su progreso contrasta con el trágico desenlace de Jelly Bean, recordando los riesgos inherentes a estos procesos. El centro ha destacado que la experiencia adquirida con este caso es clave para perfeccionar las estrategias de cuidado y garantizar un mejor bienestar para los animales que llegan desde entornos condenados a la inactividad o maltrato.